He sobrevivido en un sitio muy oscuro y solo. Ahí la tristeza sacudía mi corazón en cada respirar. Los lamentos se colaban por los poros de mi cuerpo, y me hacía dueña de las sensaciones más dolorosas del alma. Los recuerdos resonaban a cada minuto, oyéndose como ecos perdidos en alguna dimensión.
He aprendido a escuchar el consuelo de mis propias voces. Aunque aveces éstas no sepan qué decir.