viernes, 13 de julio de 2012

20 años


Ya voy a ser grande y aún me cuesta compartir el mundo con mentes distorsionadas por la frivolidad. Entiendo que todos tenemos un lado oscuro. Muchas veces, el mío está lleno de una depresión tormentosa que no me deja seguir en pie, otras veces soy presa de impulsos irracionales que terminan jugándome malas pasadas y de vez en cuando, quisiera que la vida dure lo que me demora fumarme un cigarrillo. Espero entenderlos cuando cumpla 20.

Aún recuerdo las cosas que mencioné que me gustaría hacer antes que cumpla los 20, nunca creí realmente que las haría. Y aunque, el logro de mis metas a corto plazo haga sentir a mi ego en lo más alto de su esplendor, sé que estas tal vez no fueron las mejores decisiones, pero fue lo que en algún momento quise hacer.  Casi en 1 semana los cumpliré, 20 gratificantes años, llenos de emociones, muchas veces incontrolables, en los cuales siento haber conocido muchas cosas, tal vez más de las que debí conocer pero ¡qué importa!. Según algunas habladurías sociales, este año se termina el mundo. Y de alguna manera, podré morir feliz y si no, empezaremos otra vez.

Entre llantos desquiciados por amor, una que otra infidelidad, borracheras llenas de interminables vómitos en algún retrete, amores vinieron, amores se fueron y jamás se detuvieron, risas escandalosas en la calle, gente linda, gente fea y algún ron barato en el parque. Entre el recuerdo de mi primera vez y la última vez, algún retraso y una nueva caricia, tal vez más problemas familiares, depresiones, algunos conflictos existenciales y más lágrimas, disfruté mis últimos 19 años y no me quejo.

Ser grande no puede ser tan malo. Aunque, convertirme en un ser insípido dedicado a seguir la línea que todos siguen, trabajar para llegar a ser lo que todos quieren ser, comprarme un carro y presumir que llegué lejos, no me emociona. Sé que hay cosas más gratificantes, sé que  aún existen situaciones que me pueden emocionar, personas buenas que conocer, muchos placeres que se pueden disfrutar, más cosas que valgan la pena, que llegan a medir igual que tu interior.

 Hoy soy lo que quise ser a los 20, tal vez quise ser un poquito menos y no es soberbia, no es fácil aprender tantas cosas en tan poco tiempo y sola. Esperaré mis 20 con los brazos abiertos, sabiendo que después de 20 años, no soy una chibola más, soy Ale Hidalgo. Por ahora, la edición de este  libro se cerró y empezaré de nuevo, inmortalizando desde el primer día lo nuevo que viene. Mientras tanto, seguiré comiendo helado y leyendo tonterías.

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