No tenía un sentido de sus pasos. Mientras las gotas trasparentes que brotaban del cielo mojaban su rostro, hundía sus pies en la tierra húmeda. Tenía el cabello rizo y enredado. Sus dedos no deslizaban completamente en el largo de su cabellera. No estaba segura ni de quién era, mucho menos de qué
buscaba. Pero seguía insistiendo en llegar. Le hablaba a los cuervos como si los
hubiera visto antes, mientras trataba de coordinar sus pies con el sonido de
donde se hallaba. Mientras trataba de
coordinar sus pies con el sonido de la Nada.
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